Hace unos días me preguntaron sobre los malentendidos y disgustos en los equipos de trabajo de las diferentes áreas de una empresa y las repercusiones que paga el negocio a causa de un escaso o desconfiado relacionamiento. Comenté sobre como el trabajar en equipo implica conversar con otros, ¿cuántas de esas conversaciones son realmente efectivas?, le pregunté. El lenguaje no es inocente, siempre causa un resultado, provoca una emoción o un estado de ánimo y crea nuevas realidades para todos. Así que reflexioné un poco sobre si en las empresas que conozco cuando se trata de cocrear con otros estamos  conversando de forma trivial, solemne o quizás precisa, expresando nuestras preocupaciones y gestionándolas con asertividad. ¡O si quizás no!  Reconozco que a mí me pasó algo así durante mi carrera profesional, yo quería que comprendieran mis necesidades y claro… las de mi área de Marketing cumplir con las responsabilidades de mi cargo y alcanzar mis indicadores de gestión, pero en muchos momentos la frustración me tomaba intentando coordinar acciones con los demás miembros de la empresa. No me fijaba en los siguientes principios.

  1. El que no pide… no recibe. Eliminar pérdidas, optimizar procesos y construir relaciones sólidas con los clientes, empleados, aliados y proveedores, entre otros, es cada vez más pertinente y rentable. La competitividad se desarrolla potenciando el capital humano. Por lo mismo es clave emitir perticiones completas que describan claramente los detalles de tus expectativas y las condiciones de satisfacción. A quién (es) le pides, qué pides, cómo, cuándo, dónde y eliminar la obviedad que pueda existir en la comunicación.
  2. ¡Cuando te ofrecen es porque alguien escuchó! La directiva de una organización tiene un doble desafío: accionar el plan estratégico del día a día y, al mismo tiempo, diseñar el futuro de la misma. Por eso debe interpretar las tendencias del mercado, escuchar las preocupaciones de los clientes, gestionar la innovación y visionar la oferta a futuro.   Esto implica que el equipo de liderazgo debe proyectar sobre la incertidumbre y crear nuevas posibilidades, para lo cual debe desafiar su aprendizaje tradicional, su manera de observar la realidad y romper aquellos esquemas mentales que limitan la posibilidad de encontrar en el cambio resultados diferentes. Para decidir el mantenimiento o  innovación de la oferta de productos y servicios hay que preguntarse si todavía están acordes a la realidad del mundo y para esto se requiere desarrollar una escucha profunda de las necesidades vigentes del mercado y aprender a adaptarse a los cambios y nuevos actores del entorno y la empresa.
  3.  ¿Te comprometes o te paraliza el miedo? No es imposible construir una “cultura de compromiso”, implica desarrollar relaciones de poder, entrenar habilidades relacionales, adquirir mejores prácticas en la gestión de personal, aprender a coordinar acciones entre los miembros del equipo y crear ambientes de bienestar, para así construir espacios propicios donde lograr los objetivos. El desafío es acortar la brecha de la desconfianza y desarrollar ambientes de intimidad donde las personas puedan expresar quiénes son y sentirse parte clave para alcanzar un objetivo común. La misión de la empresa.
  4. Retractarse es de personas dignas. En la empresa, como en la vida, vivimos los obstáculos que nos generamos y que permitimos que nos generen otros, pero son situaciones que interrumpen el fluir natural de la vida y requieren reflexión e intervención para restaurar la normalidad. Gestionar estas situaciones implica aprender a diseñar y sostener “conversaciones ecológicas”, esas que facilitan la coordinación de acciones en equipos de trabajo y estimulan estados de ánimo apropiados para generar resultados  extraordinarios, tanto en lo personal como en el negocio. En ocasiones nos sentimos incapaces de desistir a compromisos que se han adquirido por temor a desagradar, o porque no se miden los riesgos de no cumplir bajo las condiciones establecidas al momento de aceptar el compromiso. Al final sentimos malestar por traicionar nuestros propios estandares. Negociar para lograr nuevas condiciones del compromiso, es una conversación que cambia la realidad y favorece la dignidad.
  5. Siempre es posible decir que no. Ser concientes de que la forma de conversar en la empresa impacta la productividad, la toma de decisiones, las proyecciones de futuro y modela el clima laboral determina el cumplimiento de las metas organizacionales. En todos los niveles jerárquicos de la organización tener la habilidad de presentar nuestros límites con respeto y sinceridad es un acierto en la coordinación de las actividades. Mostrar a los demás el desacuerdo o la negación de algo que no es posible realizarse en las condiciones solicitadas genera ambientes de confianza, produce reflexión y un repensar nuevas formas de alcanzar los objetivos.

¿Los resultados para la cultura organizacional? Incremento en creatividad, iniciativa, pertenencia, innovación, responsabilidad en la gestión, cumplimiento de acuerdos y compromiso de los integrantes con la filosofía de la empresa. Los dejo con unas preguntas: ¿Cuáles son esas conversaciones que se te dificultan en tu empresa? Te parece útil aprender a diseñar conversaciones para la acción en tu trabajo?


Esta es una invitación a expresar su opinión! Si no está de acuerdo con alguno de los puntos que menciono anteriormente, por favor no dude en ofrecer su crítica constructiva en la sección de comentarios a continuación. Y si tiene puntos adicionales que considere deberían estar contemplados arriba, hágamelo saber y los consideraré. Espero con interés leer sus pensamientos!